La guerra sensual

Y atrincherado en el valle de sus imponentes senos me refugiaba de sus implacables embates,
pero sin éxito ya que sucumbí a su odiosa ráfaga de besos cruzados y artillería de caricias,
y caí pie a tierra, rendido, herido de placer, con mi cuerpo colmado de su metralla sensual,
con una gran herida con entrada en la nuca y salida en el torax, herida vital de necesidad,
y desangrandome de prejuicios, miedos y debilidades yacía allí inerte, en su trinchera pélvica,
ahogado de vida, con mi cuerpo ya ausente de muerte, rendido a sus encantos y esperando inerme
a ser devorado por las fauces de ese soñado y promovido destino que mi patria me hizo creer,
Desperté horas más tarde con las suaves caricias de los ojos del alba y todavía medio sordo,
retumbando aún en mis oidos los atronadores gemidos de la batalla,que me estaban volviendo cuerdo.
La sensación del frescor de su aliento, y el rocío de sus axilas incorporandome me reconfortaron,
para darme cuenta entonces de que había sido hecho prisionero de paz por este enemigo enamorado,
que afortunadamente me encontró a tiempo, al borde de la vida, agonizando de amor, acompañado.
A mis 80 años aún sigo prisionero, sobreviviendo como puedo a base de amor, buenos alimentos y poco más.
Mis heridas de guerra ya curaron pero sigo colmado de aquella metralla que el destino reservó para mí,
metralla que según mi loca mente es la razón de que no haya vuelto a mi patria y que me mantiene aquí,
unido a este enemigo enamorado que me hizo su prisionero y que me tortura con placer y despiadado amor.
Escribo esta carta para que quien lo lea se decida a no localizarme y quizás con ayuda del gobierno del
aburrimiento y con el apoyo del ministerio de la monotonía no hagan lo posible para liberarme de este
dulce destino que me mantiene alejado de mi horrible patria, sufriendo en manos de este enemigo enamorado.
Soldado Mirtho Nectar
Cuerpo de pasiones especiales

















